Hasta ahora supe que era tener un nudo en la garganta, solo hasta que se juntaron todos mis posibles problemas y me dieron por la espalda. Su arremetida fue feroz y me hizo ver lo vulnerable que soy. Pero ese no es el punto, aquí lo que importa es el maldito nudo. No se que hacer con él, parece que está cobrando vida propia, no me lo puedo tragar, no lo puedo escupir, no se deshace con nada. Parece mentira pero es un nudo físico lo que hay en mi garganta y lo peor es que quema, no entiendo por qué, pero está quemando todo lo que habita a su alrededor, no deja que hable bien, constantemente perturba mis ojos y hace que se les escape una que otra lágrima. Peor aun, está estorbando mi tranquilidad, porque ahora todo lo que hago gira en torno al nudo, en qué tanto durará ahí, si se piensa pasar para el estómago o salir a la calle para no volver, si en algún momento me hablará – eso me gustaría, que susurrara cualquier cosa, eso me haría muy feliz – Un momento, ¿muy feliz? ¿Cómo puede hacerme feliz un indicio físico de mi depresión? Ya este es el colmo de la falta de cordura a la que suelo llegar cuando me entristezco, ¿será posible que el nudo hable? Bueno, lo confieso, me muero de ganas de escucharlo, para amortiguar un poco, solo un poco, mi soledad.
mayo 04, 2008
abril 01, 2008
EL AMOR Y OTRO TIEMPO PERDIDO
No me vuelvo a fijar en nadie por ahora. ¡¡Este si es!! Encontré al hombre perfecto. ¿Por qué será que cada vez que sale de mi boca una de esas frases, me equivoco? Mm ni idea. Pretendo no saber, pero tal vez sea porque siempre voy mentalizada al fracaso. Lo acepto, cada vez que inicio una relación lo primero que hago es apostar cuanto tiempo durará o, mejor aun, cuando terminará. Tal vez por eso me aburro tan fácilmente de los hombres que llegan a mi vida. Tal vez sea por defectos de fábrica con los que vienen los infelices.
O tal vez el amor no está hecho para seres como yo. ¿Cómo soy? Una indecisa de tiempo completo. Pero, más que eso, una egoísta. No hay nada que hacer ahí, creo que la verdadera solución a mi ‘problema con los hombres’ llegará el día que aparezca alguien capaz de hacer que me desenamore de mí para poder compartir mis sentimientos. ¿Será mucho pedir? Además de eso, también pido lo de todas las mujeres, también pido al hombre cliché que no sea latoso, pero que llame justo cuando está siendo pensado; al caballero que no sea celoso, pero que no le de igual si otro se propasa conmigo; parece mentira pero, yo, que mucho alardeo de mi rareza, busco lo mismo que todas, abro el cajón y por primera vez, saco las frases mas novelescas, está bien, lo admito, quiero todo un príncipe azul. La diferencia puede ser, que no lo quiero perfecto, lo quiero humano (tanta perfección aburre), necesito alguien con quien pelear, a quien gritarle, con quien ser grosera, alguien que me soporte, alguien que no me critique, alguien que se ría de mis ridiculeces, necesito alguien con quien reconciliarme una vez a la semana.
Acabo de releer lo anterior y, una sonrisa de resignación se dibujó en mis labios. ¿Cómo así? ¿En qué he quedado? Esta no soy yo, definitivamente, algo me hicieron, porque ¡¡ESTA NO SOY YO!! Ya me siento como si perdiera el tiempo, cada línea que escribo representa unos cuantos minutos desperdiciados en mi vida, minutos que pude haber invertido en algo más fructífero. Y eso que no estoy enamorada, y eso que no me he enamorado. Supongo que el día que ‘por fin’ ocurra el gran acontecimiento, será mucho peor. Sin embargo, no me imagino sentada en una mecedora mirando lejos con cara de imbécil, pensando en alguien a la luz de la luna, y de su ausencia. No, sinceramente, esa no es la clase de amor que anhelo que llegue a mi vida.
¿Qué clase de amor quiero? Un amor al mejor estilo yo, quiero un amor que me haga sentir placentera una caricia, pero que no me haga incurrir en cursilerías televisadas. Quiero un amor seco, un amor seco que se humedezca solo cuando sea necesario, un amor seco que no se confunda con el olvido, eso es lo que me sirve por ahora. Pero está difícil, creo que está difícil la tarea de encontrar una silueta que encaje a la perfección en mi perfil. Quién sabe. Por el momento, trataré de no perder el tiempo esperando que ese amor llegue a mi puerta, mejor adelanto labores, para cuando llegue y me haga tragarme mis palabras mientras me desvivo por algún sujeto que me llame todas las noches a desearme dulces sueños.
marzo 03, 2008
Tu excitante voz de estiramiento corporal por telefonía fija...
Acostumbraba a llamarte en las calurosas tardes que azotaron la ciudad. Como si se tratase siempre de la primera vez, recuerdo, me llenaba de nervios cuando contestabas y fingías sorprenderte por mi llamada.
Esa eras tu. Tan cruel, siempre dispuesta a torturarme, a hacer volar mi imaginación con tu risa, con tu suave voz que lentamente me transportaba al cielo y me hacía sentir un euforia tal, suficiente para distraerme el resto del día.
Era tu voz, más que cualquier cosa, lo que me hacía feliz, tu cálida voz que tanto amenizó mis aburridas tardes de verano.
Pero creo que en el fondo lo sabías todo y sentías hacerme un favor al inocentemente estirar tu anatomía y quejarte de la modorra... Ahí estaba, eso era lo que me hechizaba de ti, lo que alimentaba mi adicción, lo que me llevaba a llamarte a diario: tu excitante voz de estiramiento corporal por telefonía fija...
Aun disfruto recordándola, trayendo a mi mente la frecuencia, el color, todo!! Aun recuerdo que fue eso, y no tu belleza lo que produjo mi enamoramiento, aun recuerdo cómo me partió el corazón cuando por aquel motivo dejamos de hablar... Todavía sufro al recordar que por un pequeño error decidiste castigarme, quitándome aquello que me enloquecía de ti, tu voz, bendito sonido que en algún momento fue lo único que le importó a mis oídos.
Que triste es saber que morí para ti, que morí definitivamente y que no haz hallado quien con tanta pasión te escuche reír y desprender incoherencias de tu lengua. Que triste es que tampoco yo haya encontrado a quien escuchar en mi tiempo libre. Que triste es no poder sacar tu voz de mi mente. Que triste es no haberte olvidado a pesar del sufrimiento causado...
Esa eras tu. Tan cruel, siempre dispuesta a torturarme, a hacer volar mi imaginación con tu risa, con tu suave voz que lentamente me transportaba al cielo y me hacía sentir un euforia tal, suficiente para distraerme el resto del día.
Era tu voz, más que cualquier cosa, lo que me hacía feliz, tu cálida voz que tanto amenizó mis aburridas tardes de verano.
Pero creo que en el fondo lo sabías todo y sentías hacerme un favor al inocentemente estirar tu anatomía y quejarte de la modorra... Ahí estaba, eso era lo que me hechizaba de ti, lo que alimentaba mi adicción, lo que me llevaba a llamarte a diario: tu excitante voz de estiramiento corporal por telefonía fija...
Aun disfruto recordándola, trayendo a mi mente la frecuencia, el color, todo!! Aun recuerdo que fue eso, y no tu belleza lo que produjo mi enamoramiento, aun recuerdo cómo me partió el corazón cuando por aquel motivo dejamos de hablar... Todavía sufro al recordar que por un pequeño error decidiste castigarme, quitándome aquello que me enloquecía de ti, tu voz, bendito sonido que en algún momento fue lo único que le importó a mis oídos.
Que triste es saber que morí para ti, que morí definitivamente y que no haz hallado quien con tanta pasión te escuche reír y desprender incoherencias de tu lengua. Que triste es que tampoco yo haya encontrado a quien escuchar en mi tiempo libre. Que triste es no poder sacar tu voz de mi mente. Que triste es no haberte olvidado a pesar del sufrimiento causado...
febrero 26, 2008
LLORANDO CON SPINETTA
Todavía no hallo motivos específicos, son varias estupideces que rompieron mi escudo de felicidad, por más imperturbable que pareciera.
Los gritos de quienes me rodean, por razones valederas, por errores que a diario cometo pero que me cuesta aceptar, porque al fin y al cabo no son pecados. La indecisión de la persona a la que “creo” amar… La impotencia que siento al no tener armas para matar mis miedos. La incomodidad y falta de hábito que sobran ante esta nueva persona que pretendo ser, libre de odios, de dolor, de maldad, toda inocencia, toda paz, toda tranquilidad, toda… tan contraria a mí.
O tal vez, la ausencia de su figura, que ha tantos desvíos me ha llevado. Los golpes pequeños pero hirientes recibidos por mi ego. Mejor aún, lo ridícula y trágica que llego a sentirme mientras mis oídos son deleitados por la voz de “El Flaco”… optimistas poesías musicalizadas que me hacen pensar que hay miles de canciones compuestas para gente como yo, para mí…
Mientras un llanto silencioso moja mis mejillas, trato de sentirme más apaciguada, oyendo su voz y sintiéndome escuchada por él. Definitivamente es reconfortante llorar sobre mi almohada e imaginar que son los brazos de Spinetta que al cantarme al oído me dice que no vale la pena llenarme de angustia, ira o dolor, desatando un oleaje de lágrimas… ¿Para qué? Si a cada cambio de canción me sentiré mejor y podré olvidar el motivo, sea cual fuere, de mis penas.
Los gritos de quienes me rodean, por razones valederas, por errores que a diario cometo pero que me cuesta aceptar, porque al fin y al cabo no son pecados. La indecisión de la persona a la que “creo” amar… La impotencia que siento al no tener armas para matar mis miedos. La incomodidad y falta de hábito que sobran ante esta nueva persona que pretendo ser, libre de odios, de dolor, de maldad, toda inocencia, toda paz, toda tranquilidad, toda… tan contraria a mí.
O tal vez, la ausencia de su figura, que ha tantos desvíos me ha llevado. Los golpes pequeños pero hirientes recibidos por mi ego. Mejor aún, lo ridícula y trágica que llego a sentirme mientras mis oídos son deleitados por la voz de “El Flaco”… optimistas poesías musicalizadas que me hacen pensar que hay miles de canciones compuestas para gente como yo, para mí…
Mientras un llanto silencioso moja mis mejillas, trato de sentirme más apaciguada, oyendo su voz y sintiéndome escuchada por él. Definitivamente es reconfortante llorar sobre mi almohada e imaginar que son los brazos de Spinetta que al cantarme al oído me dice que no vale la pena llenarme de angustia, ira o dolor, desatando un oleaje de lágrimas… ¿Para qué? Si a cada cambio de canción me sentiré mejor y podré olvidar el motivo, sea cual fuere, de mis penas.
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