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junio 04, 2013

¿CUÁL ES EL TRIQUITEO?




Ay amiga vamos a rumbear a la *inserte zona rosa de la ciudad en cuestión*.
—Si... Yo voy. *NO VA*

¿Y qué pasa cuando están las ganas de untarse de pueblo, de sacar al corroncho que llevas dentro y pagar cervezas a $3.000 como mucho? ¿Qué pasa cuando simplemente se quiere ir por ahí, sin pensar en dinero o en las fotos para el Instagram (porque el Feis es para los que no tienen Androids o Iphones)? Así te terminas dando cuenta que estás rodeado por un montón de posudos, de esos que para colmo todavía piden plata en la casa para rumbear y valoran exageradamente al amigo de la camioneta más grande.

—Pero, Elo, ¿en serio te vas a meter en esos lugares?

Pues no, no me voy a meter en esos lugares porque en esta puta ciudad NADIE ha tenido la gentileza de invitarme a bailar champeta de la que se baila en una sola baldosa, porque así es que se baila. Sin morbo, con arrecostadera, pero sin malicia. Sin que los demás empiecen a mirar raro a la espelucada de hablado más golpeao' de lo normal a la que se le dibuja una sonrisa cada vez que algo le recuerda su tierra.

—Ajá, ¿tú no eras rockera?

La mejor música siempre termina siendo la que evoca recuerdos de mejores épocas y del hogar. Y ajá... Qué culpa si después de tanto "VENOGHWOFW FHOGHERUGHE VANOGHREUGHERGHE" (ahí estoy cantando Chop Suey) unA se termina dando cuenta que Patricia Teherán y los Chiches Vallenatos le recuerdan a la familia guajira y a las vacaciones que se pasaron por esos lares y que Los Embajadores Vallenatos hacen que el novio anterior no sea un recuerdo tan trágico y que la champeta *suspiro* bueno... que eso definitivamente es una de las mejores descripciones de la idiosincrasia de la ciudad que te vio nacer.

Ustedes disculparán, estoy sentimental.

marzo 03, 2013

CASA


Mija, tu abuela que te cuides que ya se van a meter las lluvias y tú no sabes nadar. Si ves que se forma un arroyo te quedas donde estás y no te muevas hasta que baje.

***

Se me van los días extrañando el mugre de tus calles, la basura que tus incultos hijos te regalan a diario, el olor a orín impregnado en tu historia. Se me van los días pensando que nuestro amor funciona así, de lejos, con la añoranza de quien se fue a buscar algo mejor fuera de tu seno porque tú, mi querida ciudad, no das puntada sin dedal.

Se me van los días, a dos horas de tus calles, pensando si mañana dejarás de tener dos caras. Se me van los días extrañando al sparring lleno de tías que se gana la vida arreando pasajeros porque atrás también hay puerta de salida.

Se me van los días, maldito moridero, no teniendo de qué quejarme porque en cualquier sitio todo es menos peor  y no hay que poner tanto cuidado con la carrandanga de mototaxis que aparecen como kamikazes, sabrá Dios si para rebuscar honradamente o para jalarle el bolso al primer marica que pillen descuidado.

Se me van los días, amada ciudad, extrañando el colorido de tus calles y las sonrisas dibujadas en la miseria que te rodea. Se me van los días, así como también se te van a ti porque quizás dentro de poco ya sirva el Transcaribe.